Una vez conocí un árbol, era mágico, de hecho se presentó así: Hola soy Green, el Árbol mágico, encantado de conocerte” extendió una de sus ramas para estrecharla con mi mano- esto no es algo común en los árboles y menos mágico; de normal algunos árboles son un poco vanidosos, y les gustan que estén todo el día pendientes de ellos, que si el agua, que si la poda, que si las hormigas en las ramas, en fin, hay que cuidarlos mucho, y por eso, algunos de ellos son tan presumidos, pero éste estaba hecho de otra semilla: era amable, amigable, hablador, sonriente, todo un caballero.
Cierto día de verano me invitó a pasear por la montaña, yo acepté encantada, íbamos montaña arriba cuando de repente empezó a saludar a todos los árboles que veíamos, los llamaba a cada uno por su nombre y yo toda sorprendida le pregunté: ¿Cómo es que los conoces a todos? ¿Vienes mucho por aquí? El me contestó: Sí, me gusta conocer nuevos árboles y me encanta el bosque.
En eso vimos un riachuelo que invitaba a darnos un chapuzón en sus aguas… Green, como era un gran aventurero decidió casi impulsivamente, meterse al agua, sus grandes ramas le permitían nadar muy lejos, yo desde la orilla observaba cómo se divertía dando grandes chapoteos, me salpicaba y entonces decidí acompañarle en su diversión, y así fue como, los dos tuvimos un divertido y refrescante día de verano.
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