Un día, hace muchos años, en los tiempos de las conquistas y de los caballeros andantes, un grupo de niños de Moncófar se encontraron un saquito de tela en uno de los camís. Miraron alrededor buscando al dueño, pero no había nadie. Y pasaron los días sin encontrar al dueño, así que al final, Luis, el mayor de los niños, decidió abrirlo. Parecía vacío, pero al fondo, muy al fondo, encontraron un huesecillo.
–¡Es una semilla!
Efectivamente, era una semilla, pero ninguno de ellos sabía de qué. Eran redondilla y luminosa, como un pequeño sol, y eso les asustó mucho.
-Será mejor que la dejemos donde la encontramos –dijo Vicent, el más pequeño del grupo.
–De eso, ni hablar –dijo Luis, que también era el más valiente–, la plantaremos y veremos a ver si nacen estrellas.
La idea les encantó así que se fueron a las afueras del pueblo, allá donde ahora está la escuela infantil, hicieron un agujero enorme y echaron la semillita para probar.
Los niños taparon el agujero y lo regaron un poquito todos los días de su vida. Pero allí no creció nada y pasaron los años y se hicieron mayores y todo cayó en el saco del olvido, que es un saco gigante que va enguyendo cosas.
Entonces, muchos años después, cuando ya todo estaba requeteolvidado, sucedió algo extraño: un día amaneció y anocheció de seguido dos veces. En mitad del día, la luna mandó al sol a la cama sin venir a cuento. Se puso en medio y lo cubrió por completo con un manto de lana blanca. Y fue en el rato que duró el fenómeno al que ahora todos llamamos eclipse que nació voluptuoso el árbol mágico.
–¡Es una semilla!
Efectivamente, era una semilla, pero ninguno de ellos sabía de qué. Eran redondilla y luminosa, como un pequeño sol, y eso les asustó mucho.
-Será mejor que la dejemos donde la encontramos –dijo Vicent, el más pequeño del grupo.
–De eso, ni hablar –dijo Luis, que también era el más valiente–, la plantaremos y veremos a ver si nacen estrellas.
La idea les encantó así que se fueron a las afueras del pueblo, allá donde ahora está la escuela infantil, hicieron un agujero enorme y echaron la semillita para probar.
Los niños taparon el agujero y lo regaron un poquito todos los días de su vida. Pero allí no creció nada y pasaron los años y se hicieron mayores y todo cayó en el saco del olvido, que es un saco gigante que va enguyendo cosas.
Entonces, muchos años después, cuando ya todo estaba requeteolvidado, sucedió algo extraño: un día amaneció y anocheció de seguido dos veces. En mitad del día, la luna mandó al sol a la cama sin venir a cuento. Se puso en medio y lo cubrió por completo con un manto de lana blanca. Y fue en el rato que duró el fenómeno al que ahora todos llamamos eclipse que nació voluptuoso el árbol mágico.
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