miércoles, 18 de abril de 2012

7: Los piratas del sueño

A media tarde era la hora de la siesta. Entonces, las maestras bajaban las persianas, sacaban las camas y todos los niños de la escuela se tendían en ellas. Los más dormilones caían los primeros. Sus camas se transformaban en naves piratas que surcaban los suelos y sueños. 
Pero también había niños que nunca se sentían tan despiertos. Eran los verdaderos vigías de la escuela: hacían turnos de llanto para evitar que a sus compañeros les salieran soñolientos garfios y patas de palo, hablaban en código morse dando golpecitos en las otras camas de alrededor y contaban ranuras en las persianas y bucaneros alejarse.
Y como al final, todos sin excepción caían dormidos, el árbol mágico quedaba avizor al cuidado de ellos.

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