A media tarde era la hora de la siesta. Entonces, las maestras bajaban las persianas, sacaban las camas y todos los niños de la escuela se tendían en ellas. Los más dormilones caían los primeros. Sus camas se transformaban en naves piratas que surcaban los suelos y sueños.
Pero también había niños que nunca se sentían tan despiertos. Eran los verdaderos vigías de la escuela: hacían turnos de llanto para evitar que a sus compañeros les salieran soñolientos garfios y patas de palo, hablaban en código morse dando golpecitos en las otras camas de alrededor y contaban ranuras en las persianas y bucaneros alejarse.
Y como al final, todos sin excepción caían dormidos, el árbol mágico quedaba avizor al cuidado de ellos.
Pero también había niños que nunca se sentían tan despiertos. Eran los verdaderos vigías de la escuela: hacían turnos de llanto para evitar que a sus compañeros les salieran soñolientos garfios y patas de palo, hablaban en código morse dando golpecitos en las otras camas de alrededor y contaban ranuras en las persianas y bucaneros alejarse.
Y como al final, todos sin excepción caían dormidos, el árbol mágico quedaba avizor al cuidado de ellos.
jajajaja..creo que eso es lo que realmente pasa a la hora de la siesta....
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