viernes, 13 de abril de 2012

3: ¡Llueve!

Un día cualquiera, todos estaban en el patio y la lluvia comenzó a caer. Y caía y caía y caía sin fin. Caía tanta y tan de sopetón que no les dio tiempo a llegar al soportal y se pusieron hechos unas sopas. 
Al principio las aguas llegaron a sus tobillos y todos todos chapotearon como locos. Luego, subió sin detenerse hasta sus rodillas y, cuando por fin llegó a sus cinturas, los juguetes comenzaron a flotar.
Había ruedas de goma que servían de barquitas, pelotas que se agitaban como pececillos y carritos que se quedaban en el suelo como corales. 
Viendo subir las aguas con tanta rapidez, el árbol mágico hizo descender sus ramas para recoger a los niños. Y también a las maestras. Y, montados en todo lo alto, cantaron hasta que paró de llover. Luego, el árbol mágico se bebió todo el patio y, contentos los niños, pudieron bajar y tomar el almuerzo.

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