Había una vez un árbol mágico que habitaba en una escuela infantil. No había un árbol más feliz que este árbol mágico, porque siempre estaba rodeado de niños pequeños a los que no importaba su especie o edad.
Todos los días sin excepción, los chiquillos formaban una rueda alrededor del árbol y le cantaban:
–¡Oh, árbol mágico,
tú que nos das sombra cuando cae el sol,
muéstranos tu magia en el arrebol!
Y el árbol mágico, todos los días sin excepción también, hacía descender una de sus ramas hasta la altura de sus cabezas y les contaba un cuento.
Todos los días sin excepción, los chiquillos formaban una rueda alrededor del árbol y le cantaban:
–¡Oh, árbol mágico,
tú que nos das sombra cuando cae el sol,
muéstranos tu magia en el arrebol!
Y el árbol mágico, todos los días sin excepción también, hacía descender una de sus ramas hasta la altura de sus cabezas y les contaba un cuento.
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